¡Tengo miedo!

Después de dos años de Covid y con la guerra en Ucrania en cima del hombro, es fácil decir Tengo miedo.

Los hombres de la Tierra Media permanecen en la oscuridad y la ignorancia, y esta situación es aprovechada por Sauron para levantarse como un nuevo Señor Oscuro, señor del Miedo.”

Así podremos definir el mundo de hoy, utilizando las palabras de J.R.R. Tolkien en El señor de los anillos.

Pero, ¿ qué es el miedo y como funciona a nivel biológico?

La sensación que todo el mundo conoce o ha conocido en su vida, el miedo, nace en la parte del cerebro que se llama reptiliano y que regula acciones esenciales para la nuestra supervivencia. Comer o respirar, son dos acciones indispensables para poder vivir y también saber que tenemos emociones es un papel importante para nuestro día-día y para saber que estamos vivos.

El sistema límbico es lo que regula estas emociones y también las funciones de conservación de cada individuo. La amígdala, que es parte de este sistema, revisa continuamente la información recibida a través de los cinco sentidos:

la piel a través del tacto, los ojos a través de la vista, los oídos que captan los sonidos y controlan el equilibrio, la nariz que nos permite percibir los olores y, la lengua que nos permite disfrutar del gusto de los alimentos.

Cuando uno de estos sentidos detecta una fuente de peligro, sobre todo vista y oídos, esta sensación desencadena lo que llamamos miedo, que muchas veces nos lleva a un alto nivel de ansiedad.

¿Qué le pasa a nuestro cuerpo cuando nos asustamos?

El sistema de defensa del miedo es un sistema innato que modula y organiza respuestas defensivas aptas para responder a las amenazas que promueven la supervivencia.

La activación del comportamiento defensivo comienza con una reacción de nuestra amígdala bajo una forma totalmente inconsciente.

A nivel biológico nuestra amígdala despierta la respuesta de nuestro hipotálamo y de la glándula pituitaria, que es la encargada de producir la adrenocorticótropa o conocida también con el nombre de ACTH, una hormona que juega un papel muy importante en la respuesta al estrés y entonces al miedo.

Eso ocurre porque nuestro cuerpo tiene que estar pronto para reaccionar en frente de una posible amenaza y tal cómo este proceso es vivido de forma totalmente mecánica a nivel bioquímico la respuesta es un subidón del nivel de energía disponible en caso de tener que reaccionar rápidamente.

Un ejemplo sencillo y muy figurativo es si un día nos cruzamos con un león en el camino para ir a casa. ¿Qué haremos? Podríamos pararnos a pensar o el primer instinto inconsciente seria huir del león, qué en este caso sería el peligro a nuestra sobrevivencia?

Es un ejemplo poco probable, pero creo muy eficaz para que se pueda entender cómo funcionamos cuando nos sentimos en peligro de vida.

Las hormonas que genera el cerebro cuando estamos asustados tienen el objetivo de prepararnos para una posible acción necesaria para huir o pelear. A esto se suma también otra respuesta funcional como el respiro corto, el latido del corazón que acelera, los vasos sanguíneos que se contraen poniendo nuestro rostro pálido o muy colorado, por ejemplo.

El miedo siempre ha jugado un papel importante en la reacción al estrés tanto a nivel físico como emocional. Y hoy en día el estrés psicosocial en el cual estamos expuesto tiene un profundo impacto en nuestra salud y en nuestra respuesta psicológica.

Como podemos enfrentarnos al miedo

El desarrollo de una buena estrategia terapéutica depende de nuestra comprensión de los factores que nos activan el miedo y los mecanismos posteriores que se traducen en como respondimos físicamente al estrés emocional. Si vamos a integrar una buena estrategia con una visión holística, eso nos permite tener una visión global de nuestras emociones y también nos ayuda a conocer nuestros mecanismos de defensas. Con tal conocimiento, tendremos la posibilidad de saber cómo reaccionar a nuestros miedos con la posibilidad de desarrollar una buena autorregulación y aprender a tener una mayor respuesta adaptiva a esta emoción.

Algunos ejemplos:

*aprender a respirar de forma profunda cuando empezamos a sentir que la ansiedad empieza a crecer

Imagen: Clementina Rubi- acuarela en papel.

*llevando siempre en el bolso algunos aceites esenciales cómo de ciprés o de mirra o de lavanda, entre ellos. Los tres nos ayudaran a calmar la mente, bajar el estado de ansiedad y darnos una sensación de buena energía. Simplemente el hecho de oler las esencias nos permitirá bajar el estado de tensión emocional.

*para los amantes de la Floriterapia, siempre aconsejo tener un frasco de Rescue Remedy en nuestra mocilla o en nuestro bolso, cuando nos enfrentemos a situaciones de miedos inesperados o cuando sabemos que tenemos que enfrentarnos a situaciones que nos provocan esta sensación, por ejemplo, ir al dentista, coger un avión, dar un examen a la universidad. Algunas gotas bajo de la lengua, nos permitirán en poco tiempo sentirnos más tranquilo y nos ayudaran a «sobrellevar» el momento agudo de miedo.

*por supuesto empezando un trabajo personal con un profesional de la salud holística o un terapeuta de confianza. Esto si que es un trabajo a largo plazo y que nos dará herramientas concretas para gestionar nuestras emociones. Será como tener un cajón lleno de recursos positivos para nuestro bienestar cuando más lo necesitamos.

*cambiar la visión negativa que tenemos del miedo para convertirlo en un aliado que nos ayuda a conocernos más en profundidad y que nos empuja a mejorar cada día la forma de gestionar nuestras emociones.

Estos son solo algunos consejos muy sencillo que tener en cuenta. Aunque lo suyo siempre es elegir el camino del trabajo personal para tener una mejoría a largo plazo y aprender a gestionar nuestros miedos. De verdad….¡No tengas miedo! Puedes aprender a gestionar y vivir tus emociones de forma más positiva!

Y si tienes dudas o preguntas, te invito a escribirme.

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