¿Papa Noel o Krampus?

¿Papa Noel o Krampus?

Todos los años estamos acostumbrados a decirle a los niños que por Navidad llegará un señor de barba blanca que traerá regalos y sonrisas a las casas, todos lo conocemos, hablamos de Papá Noel.

Pero como todo en la vida, para cada lado bueno también existe su contraparte oscura.

Por eso hoy hablo de Krampus.

El Krampus es una figura de la mitológica nórdica representada por una criatura que es mitad cabra y mitad hombre.

Entonces, ¿ cuáles son sus orígenes?

Su nombre proviene de la palabra alemana krampen, que significa garra. Cuenta la leyenda que Krampus es hijo de Hel en la mitología nórdica, aunque algunos le atribuyen algunos rasgos de otras criaturas demoníacas y terribles de la mitología griega, como los sátiros o los faunos.

Este no es un personaje que irradie alegría. Su apariencia es bastante perturbadora, tiene cuernos de demonio, está cubierto de pelo y tampoco este personaje nos trae regalos en trineo, ni tiene duendes que lo ayuden. Pero si tiene cadenas y palos de abedul que usa para golpear a los niños mimados y llevárselos al inframundo.

De hecho, Krampus es un personaje que bien representa la fuerza de los pueblos nórdicos, con su fuerza y ​​determinación. De hecho, Krampus llega haciendo mucho ruido, como para asustar a los que están cerca y también para ahuyentar a los espíritus no deseados. Trae fuego, fuente de luz y calor, y un látigo a través del cual ahuyenta la negatividad y al mismo tiempo bendice a los que vienen a él con actos sagrados que le dan fertilidad y abundancia, como se usaba en la antigüedad en las tradiciones paganas.

No tenemos ciertos datos sobre sus orígenes, pero su historia es parte de un recuerdo tan arcaico que se pierde en la niebla del tiempo. Krampus, sin embargo, tiene todas las características de la época más oscura del año, el invierno. Recuerda las formas de un dios con cuernos o un chamán en su vestimenta ritual, en su naturaleza dual de ser un poco humano y un poco animal, representa el instinto, las partes más profundas de nosotros que a menudo están mantenidas ocultas, nuestras sombras internas, lo que nos asusta.

Su leyenda, sin embargo, forma parte de una tradición centenaria de cuentos navideños en el norte de Europa, en Alemania precisamente, donde las celebraciones navideñas comienzan al principio de los primeros días de diciembre.

En los países nórdicos está la figura de San Nicolás que, como nuestro Papá Noel, trae dulces y regalos a los buenos niños. La figura de San Nicolás fue la manera de la tradición católica de sustituir la figura pagana de Krampus por su versión buena y sin lados oscuros. La figura de Krampus por tanto fue utilizada como la contraparte del amable San Nicolás para los niños buenos y se alejó de su origen para convertirse en un monstruo que llega a castigar a los niños malos, llevándolos en la noche. Según el folclore, Krampus aparece la noche anterior al 6 de diciembre, conocido como Krampusnacht o «noche de Krampus», ya que el 6 de diciembre es el Nikolaustag o «día de San Nicolás». En este día, los niños alemanes revisan si en sus zapatos o botas, que dejaron la noche anterior cerca de la puerta listos para llenarse de regalos para haber sido buenos niños durante el año, a ver si el buen San Nicolás ha pasado para darle regalos por su buena conducta y alejar el miedo y la presencia de Krampus, el malo.

Todavía, Krampus nos recuerda el vínculo con la Madre Tierra y con la naturaleza que es el todo, su parte buena y su parte mala. Su figura nos recuerda que el ser humano tiene desde su origen esta dualidad, clara y oscura, que no tiene que ser rechazada o olvidada da los humanos. Al revés tenemos que verla y integrarla a través de un viaje interior hacia nuestro mundo y nuestra personalidad, con todas sus partes.

Pero, ¿por qué asustar a los niños con un monstruo demoníaco y pagano como Krampus?

Es en cierto sentido la representación del monstruo interior pero también el espíritu desconocido, el misterio, la maravilla que todo el ser humano lleva dentro de sí mismo, nuestro yin yang con su doble cara. Es la manifestación de lo que se puede esconder en la oscuridad de las noches más largas del año y a la vez nos recuerda que al margen de nuestra forma humana vivimos con una esencia salvaje y a la vez animal.

Según António Carneiro, recientemente entrevistado por la revista National Geographic sobre las tradiciones paganas de las que es experto, dice que «quizás sea una forma de que los humanos se pongan en contacto con su lado animal. Estos impulsos podrían estar vinculados a tomar una doble personalidad, ya que la persona que se disfraza de monstruo se vuelve misteriosa”.

Creo que este monstruo nórdico es la representación de esta parte instintiva que cada uno de nosotros guarda en su interior, en los meandros más ocultos y oscuros del alma, es el espíritu del gran frío y de la noche más oscura que normalmente por norma social no podemos mostrar ni dejar que emerjan en los momentos de miedo y rabia, sentimientos que todos hemos sentido y conocido por lo menos una vez en nuestra vida. Lo que los sabios orientales llaman Tao, con sus partes de yin yang, son los que todos los seres humanos llevan consigo y que en las poblaciones nórdicas paganas estaba representado por el MIÐGARÐR, la tierra de los hombres con sus luces y sombras.

Como el yin yang son fuerzas diferentes entre ellas, no intentan a luchar o ocultar una a la otra. Sin embargo, son un modelo de integración donde un poco de oscuridad vive en la luz y donde la luz se manifiesta en la oscuridad.

Que aprendemos de Krampus

El aprendizaje que esta figura nos puede dar es no tener miedo a reconocer nuestra sombra, nuestra parte oscura. El miedo, como el dolor y también los fallos cometidos representan el camino nocturno que tenemos que cruzar en la vida para llegar a ser personas más fuertes, más conscientes. Todo esto nos ayuda a desarrollar nuestra resiliencia para enfrentar las batallas de la vida como guerreros que luchan por su vida y por su bienestar.

Esto es lo que nos ofrece la psicología vikinga, un enfoque nuevo para ver las cosas de otro punto de vista.

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