La magia de los cristales

Los cristales no pronuncian una palabra, pero están ahí, viven y establecen una relación profunda con el ser humano a través de sus conocimientos ancestrales. Las piedras hablan, intentan activar nuestros sentimientos a través de su lenguaje personal compuesto por pequeños silencios y aparente inmovilidad. Sus palabras son vibraciones que atraviesan la piel y llegan al corazón y al alma de los humanos. Debemos entenderlos, por supuesto y tener mucho respeto cuando los utilizamos como técnica alternativa para nuestro bienestar.

Pero como cualquier amistad hermosa, si activamos una escucha activa verdaderamente profunda, podemos conseguir conectar con ellos. Muchos libros y personalidades del mundo holístico siempre han contado cómo los cristales ayudan a desarrollar nuestra percepción más sutil, a derribar muros y creencias que a veces cargamos como pesos en la vida y que nos impiden tener una visión clara de lo que somos y lo que queremos conseguir en nuestra vida. Gracias a los cristales estamos capaz de afinar nuestra sensibilidad y ellos se convierten en verdaderos traductores de los silencios ligados a nuestras emociones.

¿POR QUÉ ESTAMOS O NO ATRAÍDOS POR LOS CRISTALES?

La pregunta surge espontáneamente, pero la respuesta no se hace esperar. Los cristales que nos gustan, nos muestran el camino que debemos seguir para activar un cambio positivo en nuestra vida y ayudarnos a desarrollar nuestra mejor parte. Las piedras que no nos gustan no son aquellas que deben considerarse negativas o poco atractivas para nuestro ego, a pesar de lo que uno pueda creer.

¡Todo lo contrario! En cambio, son esos guijarros en el zapato los que nos molestan, los que nos hacen tropezar, los que en definitiva nos llevan a cuestionarnos sobre los inconvenientes y las cosas que están mal y que nos gustaría cambiar. Son esos guijarros que sabotean positivamente nuestro deseo de atrevernos ya dormidos y que nos inducen a fortalecer un espíritu de conservación de las cosas tal cual son sin que persigamos nuestra verdadera intención, el verdadero cambio.

Dentro de cada uno de nosotros hay fuerzas creativas y conservadoras quienes optan por la transformación, pero no siempre somos capaces de tomar conciencia de ellas. Aquí entonces es que los cristales nos ayudan, nos estimulan e indican el momento adecuado para nuestra transmutación.

Algunos ejemplos

La aventurina es una variedad de cuarzo, un cristal clave que interviene en la zona del corazón, es decir, la esfera ligada a nuestros sentimientos y afectos cardíacos. Forma parte de la familia del cuarzo y su color es un verde marcado, a veces con pequeños puntos de luz dorada. Desde un punto de vista físico, apoya la actividad cardíaca y tonifica el tejido muscular. Internamente, este cristal actúa sobre bloqueos emocionales e incomodidades internas que a menudo han quedado sin resolver con el tiempo.

La amatista es un cristal espléndido nacido de rocas ígneas y su nombre deriva de la palabra griega amethistos que literalmente significa el que está borracho. De hecho, es la piedra que actúa como esponja absorbiendo no solo las energías estancadas y negativas de los entornos físicos, sino que es el cristal por excelencia que aporta claridad interior, donde nuestro ego está un poco borracho, ¡por así decirlo! Su color es una variedad de violetas que varía en intensidad de claro a oscuro. En definitiva, es una apertura hacia el cielo, una ventana al mundo.

El Cristal de Roca es comparable al piso superior de una casa, la parte más alta, por semejanza nuestra mente-cráneo, en la que colocamos las más variadas expresiones de nuestra existencia, ya sean pasadas, presentes o futuras. El Cristal de Roca es por tanto la puerta de nuestra iniciación espiritual que nos permite conocer mejor nuestro cielo, la mente-cráneo. Como desde el ático de una hermosa casa se puede contemplar un cielo nocturno en verano, así este cristal nos ilumina en nuestro firmamento interior.

He mencionado solo tres minerales aún hay infinidad de ellos y es un mundo que no se termina nunca de conocer y apreciar.

CÓMO SE UTILIZAN LOS CRISTALES

Los cristales se pueden utilizar de diferentes formas. Para quienes estamos acostumbrados a meditar, podemos crear nuestro propio pequeño espacio en el centro de la habitación donde queramos realizar la práctica de meditación o en los rincones de nuestra casa para armonizar el ambiente o como protección. Se pueden llevar alrededor del cuello como collares o colgantes, en los bolsillos del pantalón o mejor aún en contacto directo con nuestra piel, debajo de la almohada donde descansamos por la noche. Estas y muchas más son las formas en que podemos aprender a conversar con nuestros amigos de cristal.

CÓMO SE LIMPIAN

Podemos limpiar nuestros minerales con varias técnicas. Una de ellas es con agua, dejándolos algunas horas sumergidos en un vaso de cristal o dejando correr directamente el agua del grifo por encima del mineral. Si disponemos de agua de mar, de una fuente de montaña o aguas ritualizadas, sería mejor por el valor energético del tipo de agua y del lugar.

El cristal se puede limpiar sujetándolo con nuestras manos y actuándolo una meditación, sintiendo como la energía lo va limpiando o a través del Reiki, por las personas que utilizan esta técnica.

Otra manera con la cual se puede limpiar nuestros cristales es pasándolos sobre el humo de un incienso o la llama de una vela. Si utilizamos un incienso natural mejor o con el palo santo o incienso con hierbas aromáticas.

Espero que este pequeño viaje en el mundo increíble de los minerales os haya gustado y hecho surgir la curiosidad para profundizar el tema.

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Un abrazo, Luzelena

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