La herencia moral de Verónica

¿Por que hablar de Verónica Forqué? Porque lo que ha pasado en esta semana no puede pasar sin que todo el mundo haga una reflexión. La razón que empuja a una persona a quitarse la vida siempre es un misterio sin respuestas claras. Pero lo que ha ocurrido en estos días con la muerte de Verónica, tiene que ser un hecho que deje huella en la conciencia de las personas.

La muerte de Verónica nos tiene que parar a pensar, cuanto nos exige la sociedad. Estamos expuestos a menudo a temas sensibles cómo de la importancia de cuidar de nuestras emociones y de nuestro estado mental, pero al final el tema psicológico sigue siendo algo incomodo de lo que hablar.

Todo corre rápido a través de las redes sociales que te obligan o por lo menos lo intentan la desposesión del alma, el constante desafío a ser más guapo o más seguido o más guay dentro una burbuja de apariencia que en las personas sensibles se convierten en un derrumbo total.

Vivimos en constantes burlas ante la fragilidad individual, donde tenemos que luchar para enfrentarnos a los miedos y los fracasos que la vida nos pone adelante. Y cuando se habla de salud mental y sobre todo en estos últimos dos años casi de Covid, parece todavía que el decir que se necesita una ayuda es un TABU y que solamente los locos van al psicólogo.

La muerte de Verónica tiene que ayudar la sociedad a cambiar el rumbo:

¡Todo el mundo pasamos por malos momentos, dudas y soledad!

¡Todo el mundo tiene derecho para ser ayudado cuando estamos en una situación de fragilidad emocional!

Tenemos que luchar contra este sistema individualista y concienciar de nuevo la importancia de la conexión entre las personas. Todo el mundo escucha hablar de suicidio, pero cuando es algo tan publico tenemos que pensar lo que hubiésemos podido hacer escuchando «no puedo más». Estas fueron las ultimas palabras publicas que Forqué utilizó despidiéndose de la televisión en el programa conocido donde ella participó.

Su muerte es una pérdida colectiva, su muerte es la clara evidencia de que somos una sociedad que no es capaz de cuidarse a si misma, una sociedad donde sus miembros no se cuidan a si mismos ni tampoco a los otros, una sociedad que no cuida de la salud pública ni que educa las personas a cuidar de sus emociones. Si nos duele una muela, nos vamos al dentista y si no duele una rodilla buscamos un especialista. Pero si nuestro corazón este roto por dentro o estamos pasando una temporada de estrés en al trabajo o tenemos falta de comunicación con nuestra pareja, lo primero que se piensa es «voy a tomar una copa con mi amigo que me escuchará«.

Eso porque tenemos miedo a decir “voy al psicólogo”, “voy a pedir ayuda” y así no podemos seguir ni avanzar.

¡Necesitamos pedir ayuda sin tener miedo de hacerlo!

Es curioso y al mismo tiempo muy triste que la misma Verónica antes de convertirse en la famosa actriz con diversos Premios Goya a lo largo de su carrera haya sido una estudiante de psicología. Tal vez porque sus inquietudes y su sensibilidad eran tan grandes que necesitaba obtener respuestas a las preguntas de la vida misma. Nunca llegó a terminar esta carrera porque quise dedicarse alma y cuerpo para ser actriz.

No es el primer caso de una actor que se ha quitado la vida. Hace algunos años, 2014 para ser exacta, otra persona extraordinaria se quitó la vida, Robin Williams.

Fue un actor de éxito por supuesto y nos ha ofrecido muchas películas de gran calidad y muchas también para regalar sonrisas. Pero fue sobre todo una persona exquisitamente generosa y muy solidaria.

Williams cómo Forqué, detrás de sus bondadosas sonrisas escondían un alma sensible y frágil que no ha podido aguantar a esta sociedad que conoce perfectamente el marco donde está escrita la palabra empatía sin aplicarla, pero a menudo en concreto. Robin y Verónica no han sido ayudado cómo merecían para hacerse cargo de tanta sensibilidad, no han sido ayudados para trabajar su malestar interior, sus miedos y sus melancolías.

Tenemos que reconectar de forma concreta con los principios de la solidaridad, de la cooperación, de la escucha activa hacia el otro. Tenemos que suspender el juico y intentar de entrar verdaderamente en los zapatos de nuestro hermano y hermana que esta en frente de nuestra cara cada día. Y eso no son palabras bonitas, sino con una visión echa de compasión y amor hacia el otro y no solo a nuestro “YO”.

Gracias Verónica Forqué por esta herencia moral que nos ha dejado, aun que para hacerlo ha tenido que ofrecernos un final muy amargo.

Gracias a todas las personas que cómo tu y Robin que nos recuerdan la importancia de regresar a una sociedad verdaderamente humana.

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